miércoles, 8 de agosto de 2012

Pensando


Ya me había dado cuenta de muchísimas cosas peculiares de este país, pero ahora, pensándolas bien, cayendo en ellas,  me ha parecido que podía contároslas porque entretenidas, son un rato.

Una amiga mía, cuyo marido actualmente estuvo viviendo en Marruecos me decía: "con los moros, todo es a base de soltar pasta". Pero una cosa es tener que pagar por todo y pasarse de castaño oscuro y otra, es haber pasado la linde del negro zaino. Os cuento, os cuento. Le hemos dado un besito al coche nuevo, nada, un rasponcillo pero oye, ya que te obligan a tenerlo a todo riesgo, pues que nos echen una pintadilla. Como ni siquiera hubo parte porque fue un "quetedasperonotedas", pues toma surprise. Os cuento, os cuento.
Si te enchufan o enchufas, quieto todo el mundo parao y telefonazo a la poli de tráfico, que puede presentarse a la media hora o, cinco después y ahí te pudras. Sí o sí. Ni parte amistoso, ni de colegas, ni de primos hermanos ni la madre que lo parió. Porque, si no lo haces...tantatachan....pero nosotros, hemos seguido los pasos que seguiríamos en España; o sea, llamar al taller.
Y entonces resulta, que viene un tio y te lo recoge en el parking de tu casa, todo un detalle.
Y llama al señor policía al que le pide que vaya a mirar el golpe.
Y el señor policía "perita" la avería y autoriza el arreglo, a continuación extiende la mano y le sueltan un fajo de dhs (que pagas tu por supuesto).
Y después y por último, cuando te traen el coche a casa todo nuevito, el del taller, te suelta otro tortazo que te manda a la loma del orto.
Total, que sí o sí, cuando te la pegas, la poli tiene que dar fe in situ y los tienes que untar.
Y ahora os preguntaréis..."si tenéis a todo riesgo...¿por qué no lo ha cubierto el seguro?" porque no tenemos reporte de la policía en el momento del incidente.
De la misma manera ocurre con los procesos legales; por abrir un expediente, achuquelas , si no llegas a un acuerdo y vas a juicio, achuquelas otra vez y a partir de ahí, empieza la otra recua de "saca cuartos" de abogados, jueces, procuradores y hasta a la mismísima Rita. A si que en el bolso, es más imprescindible una chequera que las llaves de casa.

Cambiando totalmente de tercio, pasamos a las traducciones.
Aquí TODO está traducido al árabe. Todos los canales de tv tienen subtítulos, las etiquetas de los muebles, los cartelitos en la fruta.... Si ven una sandía qué se van a pensar que es ¿un salmón de kilo y medio?, que no hace falta tanto por favor. Anda que, traducir también el nombre del papel higiénico, pero qué pensarán para que son esos rollos, ¿para envolver bocatas?. Pero nada oye, ellos dicen que todo tiene que tener pegatinita traducida al árabe y que cualquier cartel, indicación, sea lo que sea, tiene que estar traducido. Y punto pelota.

Me sigue dejando ojoplática que a esta temperatura, continúen subiéndose al andamio en camisa de manga larga. Porque ahora mismo la sensación térmica es similar a si os ponéis un secador de pelo en la cara.
No me pongo reloj porque se me empaña cuando salgo a la calle (que es cuando me bajo de un taxi o al cruzar un parking).

Echo de menos muchísimo no poder abrir las ventanas. Eso de poder ventilar como Dios manda es un imposible aunque también es lógico, de hacerlo, tendría que ir con unas chirucas por casa del cisco de arena que se montaría.

En las tiendas de ropa, tienen ya la temporada de otoño.Con el clima de temperatura que tenemos, lógica en estado puro. Por eso, el calzado de verano no estaba a penas rebajado y las prendas de manga larga, tiradas de precio. Por eso, me he llevado un buen alijo porque en los meses de invierno, tendremos de tarde/noche una media de 20 a 23 grados.

Seguimos sin solución a la entrada de luz cegadora a las 5:15 am. Vamos a tener que dormir con gafas de pana si seguimos así porque nos estamos jugando el desprendimiento de retina. Entre eso y que sigo sin encontrar unas sillas que me gusten...ya tengo la excusa perfecta para ir este fin de semana a Dubai de "choping".

Y en el próximo capítulo, Las fiestas de mi pueblo; Ramadam.







domingo, 5 de agosto de 2012

El retorno



De nuevo estamos aquí, en casa.
Llegamos antes de ayer de madrugada, agotados, con dolor de cabeza y yo bastante trastocada debido al viaje; hacerlo en dos partes, se me hizo eterno.
El piloto del primer avión o estaba borracho o como un cencerro. El despegue tuvo un meneito fino y en el aterrizaje...tiró de freno de mano, reculó la cola del avión y el canto un duro faltó para no salirnos de la pista y acabar con los dientes clavados en el asiento de los vecinos de delante. Hasta el rosario recé y eso que no me lo sé. Si a esto le sumamos la comida del catering de la compañía aérea, lo bordamos. No entiendo como no está penado por decreto ley servir semejante "broza". Vamos, que el chino de la esquina del barrio, tiene tres estrellas Michelín comparado con la marranada que sirven. Y lo curioso es, que todo el mundo se lo come cuando jamás en la vida, fuera de un avión lo haría. Porque estar 5 horas sin comer no son suficientes como para morir y sin embargo, la gente prefiere ingerir ese pollo "sazonao" con arroz/pienso para pájaros, de hace un mes.

Cuando pusimos pie en tierra, no me podía creer ni el calor ni la humedad.
Imaginaros: Agosto, Sevilla, tres de la tarde, el coche aparcado al sol y necesitas cogerlo. Te sientas y te sube la temperatura corporal 30 grados. Esa sensación, es la que tenemos aquí ahora. Ese mismo calor constantemente.
Humedad, toda.
El taxi tuvo que poner el limpiaparabrisas porque los cristales estaban empapados. La entrada del portal de casa que es toda de cristal, igual, chorreando.
Es como entrar en una piscina climatizada en invierno solo que multiplicado por doscientos.

Pero ya estamos en casa, y yo lo necesitaba.
He dormido en 5 camas diferentes este verano, he ido y venido con los macutos a cuestas, a una casa, a otra, zafarrancho de maletas....y a mí tanto "batiburrillo" de idas y venidas, al final me trastoca.
Vengo también con dos lomos de corzo a cada lado de la cintura que abarca el perímetro de una caja de coca colas.Y  no es que lo diga yo, es que lo corrobora mi abuela: "hija, vaya buche que has echao".
Lo hemos pasado bien, sin más, pero con mucha pila cargada, yo por lo menos, con muchas ganas de comenzar la rutina y empezar a rodar aquí en nuestra casa.





viernes, 20 de julio de 2012

De gente poco agradable



Hace unos días, me preguntaron por el blog.
“No se me ocurre nada sobre lo que escribir” contesté.
Pero esta noche, de repente se me ha ocurrido algo; voy a tratar sobre la gente que es imbécil. Voy a dedicarlos una parrafada. Aclaro que no porque me haya pasado algo en concreto durante estos días.
Para empezar, creo que hay demasiada gente quien está coronada con motivos más que suficientes con este adjetivo y con tropecientos mil más de la misma especie y género.
Ayer mismo, le pregunté algo a un camarero de un restaurante y solo con el “dime”  que me echó con esa cara de perro mohíno, ya me dieron  ganas de arrancarlo las gafas y escupirle en los ojos.
Qué culpa tendremos nosotros de que un día pillemos a uno o a una con el All-Bran sin catar,  amargor en los esfínteres y nos salte con una frasecita de esas suyas brillantes.
Porque días malos tenemos todos, podemos ser menos simpáticos, podemos estar más callados, más en off, podemos tolerar nada y menos las tonterías, podemos echar miradas asesinas y dejar escapar frases inadecuadas…pero claro, solo el que es borde y áspero desde que nació, tiene ese don de saber ser subnormal las 24 horas del día. Y ya, cuando le da envidia algo, o cuando no comparte tu opinión...más vale que eches a correr por la era (o por donde te coloque en ese momento) o te pongas un traje antidisturbios. Porque esta clase de seres, son todopoderosos en lo que a razón se refiere. Llévalos la contraria, que te juegas el pescuezo.
Y además es que se creen graciosos cuando tienen una frasecita de esas faltonas, de las que van cargadas con misiles con el único fin, de conseguir en la gente de alrededor una risotada al unísono y así dejarte a la altura del betún. Hay que ver, que poco valen por sí mismos que tienen que usar a los demás para conseguir algo de atención.
Tienen auto licencia para todo oye, no se cortan ni con cristales, allá donde estén y con quien estén, ataque directo por el artículo 33. Y no hay dolor; zis zas.
Esas contestaciones gratuitas afiladas como las tijeras de una pescadera, esas caras de asco rancio, esos gestos ácidos como un pomelo…qué horror de vida de verdad. Qué negrura oye.
Tú que vas a preguntar si tienen ese modelo de zapatos en tu número para la boda de tu prima y sales de la tienda prefiriendo ir con tu modelito ideal y las alpargatas con cuña que usa tu abuela para estar en casa. O le pides a un camarero un par de cañas y te las planta en la mesa con un “geromo” como si le hubieses pedido que se fuese a Tomelloso de rodillas. Y ya, si pillas a una dependienta de Zara a última hora descolocándole esa estantería ya ordenada a escuadra y cartabón…ya puedes tener buen seguro médico porque te pueden reventar los tímpanos de los “cagamientos” en tu puto padre, tu madre, tus muelas, molares y premolares, tu familia y todos los evangelios.

Estoy recordando un pequeño enfrentamiento una vez a la salida de la guardería con una joya de estas. Os lo voy a contar.
Una mañana, dejé mi coche en doble fila a menos de dos metros de la entrada principal de la guardería.
Todos los niños comenzaron a salir a la hora de siempre. Comencé, comenzamos, a oír el “pi pi pi pi”. Me di la vuelta, vi a la mamá desequilibrada en cuestión y le dije: “está saliendo mi hijo ya, en seguida quito el coche. Perdona”.
Y la tía, que era más lerda de lo que pensaba a parte de sorda como la madre que la ha parido, dale que te pego (con su niña dentro del coche) “pi pi pi pi pi”. Ya esta vez, con mi hijo de la mano dirigiéndome al coche que repito, tenía a menos de dos metros. Al pasar por su lado le dije: “ya voy, lo siento, no toques la bocina más”.  Pues oye, la anormal de ella que nada, debió de ser que entró en bucle y ya no sabía hacer otra cosa. Y venga “pi pi pi pi pi pi” y yo, encendiéndome por segundos mientras abrochaba el cinturón de la sillita del niño. Hasta que en medio de la pitada, se me inflaron de tal manera, que le dije al peque “cariño, ahora viene mamá”. Me dirigí a la ventanilla de la mamarracha esta y la conversación fue la siguiente:

Yo: “Perdona, te he oído desde que has empezado a pitar. Te he pedido disculpas y no he tardado ni tres minutos. Estás viendo que estoy montando al niño en el coche, que le estoy abrochando el cinturón y sigues dale que te pego montando una escandalera. En seguida me marcho, no tengo pensado quedarme a vivir aquí.”
La pitera: “Es que no sé por qué no has aparcado bien. A mí me estás molestando y por eso te he pitado, para que te quites.”
Yo: “Venga, otra vez, a ver si lo coges. Que te he oído la primera vez. Me has visto coger al niño bla, bla, bla. No he tardado a penas. Deja de tocar la bocina por favor.”
La pitera: “Es que parece que no me has visto porque no has quitado el coche  y sigues ahí.” (Todo esto con el mítico tono de voz en plan áspero como el esparto).
Yo: “Mira tía,  no estoy ahí, ahora estoy aquí hablando contigo. A ver si te relajas echando un buen polvo esta noche porque créeme que lo necesitas, eso, si tu marido tiene los huevos de arrimarse a una tarada como tú porque a mí, me daría miedo.”
Y dejó de tocar la bocina.
El caso es, creo, que a pesar de que yo le contesté, la mayoría de las veces es infinitamente mejor ignorar a esta clase de gentuza que solo se dirige a ti con el único fin de ofender, faltar, insultar etc., etc., etc. Porque cuanto más ignoras, menos les das lo que buscan y menos les satisfaces. 

jueves, 28 de junio de 2012

Como están los cuerpos

Y como están las cabezas como bien dice José Mota.
Y es que, hace unos días estando en la piscina con dos de mis amigas, llegué a la conclusión (sin mucho esfuerzo) de que allí, había más dejadez en salud y físico que pies descalzos.
Sé, que puedo levantar alguna que otra susceptibilidad aunque mida las palabras y que incluso alguien, puede hasta ofenderse pese a que no sea en absoluto mi intención, de manera que aclaro antes de continuar, que solo escribiré a cerca de mi visión personal sin por supuesto ni criticar ni juzgar.
Vamos allá.
La vida de hoy en día para todo mortal que se precie, es una agitación constante; estudios, trabajo, casa, compañeros, novias, hijos, mujeres, maridos, ciscos variados y el polémico asunto sobre la alimentación.
Yo personalmente, soy una "tragaldabas". La cocina y el comer, son de los mayores placeres del mundo. Un buen solomillo con patatas panadera, unos huevos fritos con chorizo o en mi caso también, unas judías verdes rehogadas (si las hace mi madre), son un maravilla y un puñetero placer. Sinceramente también creo, que un aperitivo en verano sin unas aceitunas o una sesión de cine sin palomitas, son citas a medias.
Menuda vida tiene la sociedad en general como para estar renegando ante una tosta de jamón o unas croquetas con bien de condumio. Qué tristeza; "nueve horas trabajando, llego a casa y planto un par de pechugas de pollo en la sartén y eso, junto a medio litro de agua que es el que me falta para llegar a lo que dicen que es lo recomendable y de postre...ummmmm, no, mejor lo dejo". A mí no me digáis que esto es vida a excepción por supuesto, de aquellos quienes están a dieta (por la razón x), tienen algún régimen específico, o que antes del verano pues oye, si ves que se te marca la braguilla más de la cuenta en el culo, que te cuelga un poquillo más el faldón, pues de acuerdo con unos días de contención prudente.
Pero entonces, vas a la piscina y ves que una cosa es ser un soso y otra, echarse al abandono y a la merced de Don Torrezno.
Por el amor de Dios, un poco de tiento ante la ristra de chorizo, unas horas de faja de después de dar a luz, si anoche te empapuzaste media docena de empanadillas y dos filetes rusos, hoy no desayunes magdalenas...no sé...un poco de sosiego, un poco de juicio. "En el embarazo, engordé 25 kilos y pensé...bueno ya bajaré después..." las escaleras del portal del primero al bajo es lo que vas a bajar como no te cuides. No es sano tener una media de 35 años y trombosis en las piernas debido al exceso de peso, ni tampoco lo es tener problemas de espalda o de rodillas.
Señoras y Señores, que no estoy hablando de celulitis o de abdominales oblicuos marcados, no, estoy hablando de salud como ya lo hice en una entrada anterior tratando el asunto del sol.
Asustada me quedé, de lo que ví y de darme cuenta de que hay muchísimas personas que no ven términos medios a las cosas. Con los grises tan bonitos que hay.
Ni hace falta comer cada día acelgas, ni hace falta cenar panceta.
Ni hace falta apoltronarse en el sofá 15 horas diarias ni hacer 20 kilómetros.
Ahora, que tampoco sirve caminar con unas "easytone" mientras le das a los Doritos.
Solo hace falta un poquito de sentido común porque a la larga, aunque ahora digamos que nos encontramos bien, podemos tener problemas más serios de los que imaginamos.
Y en estos momentos, alguno dirá " y qué dice esta si está más bien delgada". Pues perdón, no estoy más bien delgada, estoy normal, exactamente 58 kilos de normal. A veces me paso y a veces me corto y, cada mañana, me voy a correr/trotar/andar y me dejo los tobillos y los gemelos.
A si que, querid@s, este verano no estaría mal ponernos la toma de tierra y no cometer ni excesos ni carencias.









jueves, 21 de junio de 2012

Primera parada


En el pueblo, mi pueblo, donde mejor si no.
Llegamos a penas hace unos días a España e hicimos parada de descanso en Madrid, hicimos visitas apresuradas y no tuvimos tiempo para mucho excepto para dejarnos invitar a comidas en casa de amigos y familiares. Ese mismo lunes, una vez en tierra patria, me lo dediqué a mí misma y disfruté de un largo paseo por las calles de un barrio céntrico. El tiempo nos agració con un par de chaparrones y un aire fresco que no hizo que nos sobrase la manga larga sobre todo a primera hora y eso, acompañado de una comida a base de croquetas caseras y jamón, fue el principio del que espero sea un gran verano.
Llegamos aquí, a Cuéllar y es curioso pero uno, cuando entra en un lugar al que de verdad pertenece, se le hace un pequeño nudo de "gustillo" en el estómago.
Aún no hay mucha actividad estival pero la tranquilidad, el fresco que se levanta caída la tarde, la cercanía de todo, la compañía y parrafada con las amigas de siempre, la cocina de la Paca...para mí son razones más que suficientes para disfrutar durante casi un mes.  Y, quien tenga pueblo sabrá de qué estoy hablando. Nos traen millones de recuerdos de cuando éramos pequeños, de las aventuras y picias de la cuadrilla, de los bocatas que nos hacían las abuelas y de los conjuntos de verano que nos ponían a juego con unas alpargatas Victoria o Tao Tao. Y según escribo, me ha venido a la mente la imagen de mi abuelo cogiéndome de la mano y llevándome a comprar un bicicleta Orbea rosa. Con su cesta y todo. Ese creo que fue uno de los días más felices de mi vida.
Ahora que está Gormiti aquí y que es más mayor, espero que coja ese gustillo por este lugar que tanto encanto tiene y que tanto forma parte de mí.
Nos quedamos un poco..."pochos" porque papá tiene que irse de nuevo allí a trabajar y va a estar muy solo, pero pensemos que tres semanas se pasarán rápido y que en seguida volverá para  marcharnos los tres juntos a la que creo que es la ciudad más bonita de España; San Sebastián.
Nuestras aventurillas vacacionales, las escribiremos con más tardanza de lo habitual, pero ahí seguiremos para aquellos que queráis seguir leyéndonos aunque ahora nuestras andanzas de momento no sean en el desierto.


jueves, 14 de junio de 2012

Te veré pronto

Y tú a mí.
Me dabas miedo antes de conocerte, eras en palabras de otros, muy diferente.
No sabía si me intimidarías, ni como me acogerías, ni si me asustarías con tus costumbres, no sabía si serías bella o la fea del baile.
Tuvimos nuestro primer encuentro fugaz de madrugada y a penas pudiste mostrarme nada, excepto una adelantada estación veraniega.
Madrugas demasiado querida y, te recoges también a horas muy tempranas;  a penas me das tiempo a dormir más allá de que empiece haber algo de vida en tus calles.
Pero eres tranquila y pacífica. Nos calmas con tu mar y nos ofreces largos paseos por tu playa caída la noche, nos has hecho sonreír con tus peculiaridades y con otras, realmente nos has sorprendido.
Eres grande pero demasiado joven, aún te falta mucho por crecer y por muy altas que sean tus torres, careces de historia. Es cierto que avanzas rápido, que dentro de no mucho quizá hasta seas cosmopolita como tu vecina. Eres tolerante y no tan rigurosa como se ve desde la lejanía.
Con las familias, eres especialmente generosa y tu enfoque principal no es otro.
Demasiado cara opino, pero tu tranquilidad es envidiable; no albergas personas sin hogar, ni miseria ni delincuentes.
No eres lugar de alboroto.
Ni eres lugar de jaleo hasta el amanecer.
Mi reto es tu idioma, mi talón de Aquiles, pero conseguiré comprenderte.
Creo, que nos hemos hecho amigas, has conseguido que te sienta como mi hogar y has logrado, que quiera volver a estar a tu lado en unos meses.
Este ha sido nuestro principio y espero, que pueda escribir otro capítulo sobre tí, sobre nosotras.


viernes, 8 de junio de 2012

Sentimiento maternal


Llega un momento en la vida de una persona en la que surge la cuestión; sí o no.
Llega ese momento de inflexión en el que la respuesta, la decisión final, marcará un antes y un después.
Llega el momento de continuar o quedarse en el mismo lugar.
La teoría más que extendida y universal, todos la conocemos antes de embarcarnos en la que será la gran aventura de nuestras vidas pero sin embargo, es el mayor viaje desconocido que jamás cualquier persona hará nunca.
O sí o no.
Yo, nosotros, dijimos sí. Y Dios (o quien sea), quiso que así fuese.
Las cuatro hormonas responsables de todos y cada uno de los cambios en el organismo de una mujer, pueden ser unas punkis o pueden ser tímidas o pueden estar de vacaciones o, pueden ser un caballo de Troya.
Y no hay marcha atrás.
Cada persona somos un mundo y las opciones del desarrollo, infinitas.
Hemos de asimilar que la exposición ante los cambios del antes y del después, pueden o hacernos los seres más felices sobre la tierra o a priori, destruirnos por completo a nosotros y todo aquello que se encuentra a nuestro alrededor. De manera que, antes de dar el paso que conllevará la mayor de las responsabilidades existentes, es indispensable (a mi entender) ser feliz, sentir el bienestar que aporta la tranquilidad, la estabilidad en el ámbito personal con uno mismo porque, un hijo los primeros meses de su vida no es el elemento que por arte de magia todo lo solucione y todo lo apacigüe. Incrementará de forma escandalosa cada instante bueno y cada instante malo.
Realmente puede lograr coger todo tu ser y destruirlo hasta abatirte por completo. Puede envolverte en una tormenta de absoluto pesimismo donde es un imposible hallar un libro con respuestas y lograr un ápice de consuelo o, puede llevarte al sumun  de la felicidad y que cada componente de tu vida, se transforme y sea mejor empezando por uno mismo.
Pero llevarlo dentro nueve meses no te hace amarlo cuando lo tienes en tus brazos.
El amor, se desarrolla poco a poco hasta que se hace inconmensurable e indestructible.
La experiencia es un grado y poco a poco todo va fluyendo y funcionando.
Pero el corazón de unos padres se queda sin peladura desde el momento en el que nacen; las penas son más dolorosas y sus sonrisas, aplacan cualquier mal.
Se convierten sencillamente, en la razón de tu existencia.

Hoy, escribo estas palabras porque ha llegado de nuevo ese momento en el que después de un letargo de tres años y cuatro meses, hemos de nuevo de tomar la decisión. Sí o no.
Me frenan los recuerdos. Me pesan demasiado. Fueron demasiadas noches insomnes entre lágrimas sin consuelo. Fueron demasiados momentos de desesperación y de soledad. Fueron demasiados días de descuido sobre los demás ámbitos de nuestras vidas. Fue demasiada la entrega y también demasiada la ausencia de respuestas.
No sería capaz de atravesar de nuevo ese trayecto tan hostil.
Pero...ahora tengo tres años y cuatro meses de experiencia, tengo un grado más de fortaleza y tengo, a lo mejor que he hecho y haré jamás.